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La gran belleza

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Tiger Woods en la salida del hoyo 7 durante la jornada final del Masters de Augusta 2019. © Golffile | Fran Caffrey
Tiger Woods en la salida del hoyo 7 durante la jornada final del Masters de Augusta 2019. © Golffile | Fran Caffrey

En la última columna les hablaba brevemente de las inevitables sensaciones que te recorren al franquear las puertas de Augusta National y me refería al personaje de Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, delatando mis orígenes y referencias. Como bien sabrán, el equivalente elevado de esa figura que se queda boquiabierta ante una explosión de belleza sublime es el escritor francés Stendhal, a quien le dio un buen parraque durante la visita a la basílica de la Santa Cruz. Habrá quien piense que comparar un campo de golf con uno de los mayores repositorios de arte florentino es una herejía, pero qué se le va a hacer: la boina la sigo llevando a rosca-chapa.

Crónica | Al fin la Quinta; al fin el Quince

No les niego que ayer, durante la retransmisión de la jornada decisiva del Masters, me volví a acordar del literato galo ante el despliegue de juego de los protagonistas, enmarcado, como siempre, en el espléndido Augusta National. A medida que se iba acercando el desenlace del torneo, los nervios afloraban (en mí, no en el aparentemente impertérrito Tiger Woods), cada vez me resultaba más difícil mantener la postura y mis dedos se movían histéricos por el móvil, intentando cazar, unos segundos antes de que aparecieran en la televisión, las últimas novedades. Una vez que Rahm quedó descartado, y lamentando la suerte del bravo Molinari, tocaba centrarse en Tiger Woods.

El dato que demuestra que la espera merecía la pena…

Tiger Woods celebra su victoria en Augusta. © Golffile | Fran Caffrey
Tiger Woods celebra su victoria en Augusta. © Golffile | Fran Caffrey

Durante la última década, como todo el que se ha puesto delante de un teclado para escribir de golf, le he dedicado un buen número de columnas y artículos al golfista de Cypress. En ellos hablaba de su regreso y redención, e incluso llegué a ponerme un parche por si tenía que afrontar algún día su marcha. Pero detrás de todas esas palabras, detrás de los argumentos y los datos, de las realidades y las posibilidades, subyacía una sola idea: yo, Óscar Díaz, necesitaba a Tiger Woods. Pongámonos mayestáticos: el golf seguía necesitando a Tiger Woods. Pero ¿necesitaba Tiger al golf?

Así lo vivimos en directo | ¡¡TIGER WOODS GANA EL MASTERS DE AUGUSTA!!

Visto por lo que ha pasado para volver a competir, vistos los avatares que ha superado en la última década, las operaciones a las que se ha sometido, las dificultades que ha afrontado, la respuesta a esa pregunta es un contundente sí. Ese sí se transformó en birdies en los momentos decisivos, en puños al aire en el green del 18 de Augusta National, en abrazos con su familia, en ojos brillantes y una sonrisa imborrable, todo ello culminación de diez años de pugna dura y descarnada. ¿Qué se le puede ofrecer a alguien que ya lo tiene todo? Una chaqueta verde, por lo visto.

Momento en el que Patrick Reed coloca a Tiger Woods la Chaqueta Verde de ganador del Masters de Augusta 2019. © Golffile | Fran Caffrey
Momento en el que Patrick Reed coloca a Tiger Woods la Chaqueta Verde de ganador del Masters de Augusta 2019. © Golffile | Fran Caffrey

No hay historia de superación deportiva más espectacular que la protagonizada por Tiger Woods

Quizá porque es más satisfactoria una remontada in extremis que una goleada nos encantan las historias de superación, esos relatos que trascienden y nos transmiten esperanza, esos guiones que sirven de combustible para tantas producciones cinematográficas. Y no hay historia de superación deportiva más espectacular que la protagonizada por Tiger Woods. Habrá quien tire de hemeroteca para ajustar cuentas y apuntar quién dijo qué, quién lo enterró o quién lo encumbró. También habrá quien saque pecho al rescatar sus aciertos a la vez que esconden sus comentarios menos atinados acerca de Tiger Woods, pero todo eso da igual, porque no le importa a nadie y no es hora de revanchas ni de medallas. Lo único que importa es lo que sintió el estadounidense al alzar los puños crispados después de convertir el último putt.

La victoria de Tiger Woods en el Masters, en una galería para la historia

En la última frase del Mahabharata, el clásico de la literatura en sánscrito, se dice que de ninguna manera se puede lograr un objetivo que está fuera de nuestro alcance. Durante muchos momentos de la última década tal vez Tiger fuera el único que creyera que esa meta, ese decimoquinto grande, seguía estando a tiro. Pero, paso a paso, a todos nos ha ido convenciendo de que era posible volver a verlo triunfar en un grande vistiendo su litúrgico uniforme dominical, un atuendo que en tiempos se identificaba con el éxito y que se había convertido en un doloroso recuerdo de tiempos mejores. Y así lo vimos por fin ayer, venciendo en otro major de rojo y negro. Como la novela de Stendhal, por cierto.

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