
Por Alejandro Rodríguez
El golf está cuajado de sorpresas enormes. Sin previo aviso, ¡zas!, ocurre algo con lo que nadie contaba, algo que ni siquiera el propio protagonista sospechaba. Uno de esos momentos, quizás el más significativo de 2011, lo vivió en sus carnes Gonzalo Fernández Castaño.
El jugador madrileño ha repetido en varias ocasiones que si alguien le llega a decir en medio del tedioso proceso de recuperación de su lesión de espalda que acabaría clasificándose para el Masters de Augusta, simplemente habría pensado que andaba tocado de la azotea. No obstante, lo cierto es que no hay que remontarse tan lejos para comprobar cómo un instante, un detalle, puede cambiar la vida de alguien de la noche a la mañana.
Mediodía del 30 de octubre de 2011. Hace justo dos meses. Fernández Castaño acaba de firmar su última tarjeta en el Andalucía Masters. Estamos, cómo no, en Valderrama. Hablamos con el español. Es momento de hacer balance. Era su último torneo de la temporada. Al menos, eso es lo que creíamos entonces. Sin embargo, surge la noticia. La burocracia le hace un guiño al madrileño. Aunque no entraba en sus planes tiene que jugar en Singapur para completar el mínimo de torneos necesario que exige el Tour.
Situamos la escena. Gonzalo acaba de terminar de jugar cuatro rondas a cara de perro en Valderrama, un campo que exprime al golfista hasta el último gramo de fuerza, física y mental. Acumula, además, cuatro semanas consecutivas compitiendo. Un test muy exigente para su espalda.
Con este panorama, en aquel instante, lo último que le apetecía a Fernández Castaño era cruzarse medio globo terráqueo para jugar un torneo más… “Una lata”, aseguraba a la salida de la carpa de recogida de tarjetas.
Ya ven. El destino. Quince días después, tras una semana de descanso, Gonzalo sacaba el máximo rendimiento al extraordinario momento de juego que atravesaba. Dio una lección en Singapur. Ganó el torneo y todo lo que vino después ya lo saben… Segundo en Japón, Final de la Race to Dubai, top 50 del mundo, Masters de Augusta, Doral…
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