Jon Rahm estaba emocionado. No podía ocultarlo. La Ryder Cup es diferente a todo. Ni Masters, ni US Open, ni nada que se le ponga por delante. Ganar como equipo es incomparable. Esas emociones son irrepetibles. El de Barrika ha reído, llorado, disfrutado y sufrido en siete días. Una montaña rusa. No hay nada igual.
El morrosko ha atendido a los medios de comunicación españoles desplazados en el Marco Simone con una sonrisa de oreja a oreja y el cuerpo cubierto de champán. Ha hablado de la semana, de la emoción de ganar, del partido con Scheffler, de lo que han hablado al acabar en el 18, de sus lágrimas el sábado, de su rendimiento, del espíritu de Seve y de cómo vivirá la fiesta de la celebración. «En eso no soy nada español», ha confesado. Aquí os dejamos sus declaraciones completas:



